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lunes, 18 de julio de 2011

LOS TRES HERMANOS

Tres hermanos se internaban todas las mañanas en el bosque a cortar leña.  Cada día se turnaban para que uno de llos se quedara en la cabaña y preparara la comida.
Un día, mientras el hermano mayor estaba solo en la cabaña, apareció un enano y le preguntó si podía comerse los restos del desayuno.  El muchacho dijo que sí y el enano empezó a comer.  De pronto dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera.  Cuando este se inclinó, el enano lo golpeó con un palo en la cabeza. 
A la mañana siguiente, el segundo hermano se quedó solo en la cabaña, y el enano volvió a aparecer.  Le preguntó si podía comer los restos del desayuno y dejó caer el pan.  Pidió al muchacho que lo levantara y, cuando este se agachó, lo golpeó con un palo.
Al otro día se quedó en la cabaña el hermano menor.  El enano le preguntó si podía comer los restos del desayuno, y el joven le contestó:  "Sí, sobre la mesa hay pan.  Sírvete".  Cuando el enano dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera, este le respondió:  "Si no puedes arreglártelas con tu propio pan, no sobrevivirás.  Recógelo tú".  El enano le dio las gracias y le preguntó si le gustaría saber dónde encontrar a la princesa y el tesoro.


Concedamos a los demás la responsabilidad por sus propios problemas, para que aprendan a cuidar de su pan y de si mismos.  Cada uno debe ser responsable de sí mismo:  de su cuerpo, de su enfermedad, de su curación -en lo físico- y de su sanación en lo espiritual.


Fuente:  Cuento atribuido al poeta Robert Vil

miércoles, 29 de junio de 2011

LOS HIJOS SON COMO NAVÍOS

Al dar una mirada a un navío en el puerto imaginamos que está en su lugar más seguro, sostenido por una fuerte amarra.
Sin embargo, sabemos que esa nave está allí preparándose, abasteciéndose y alistándose para ir a la mar, cumpliendo con el designio para el cual fue creada.  Dependiendo de lo que la fuerza de la naturaleza le reserve, esa nave tendrá que desviar la ruta, trazar otros caminos y buscar otros puertos.  Pero retornará fortalecida por la trayectoria recorrida, habrá ganado pericia por las diferentes condiciones climáticas que superó y habrá mucha gente esperando feliz su regreso en el puerto.
Así son los hijos.  Tienen sus padres, o sea el puerto seguro, hasta que se vuelven independientes.  Pero, por más protección y sostén que puedan sentir junto a ellos, los hijos nacieron para soltar amarras y surcar los mares de la vida, para correr sus propios riesgos y vivir sus propias contingencias.  Cierto es que llevarán consigo los ejemplos recibidos en su hogar, los conocimientos adquiridos en la escuela, pero lo más importante estará en el interior de cada uno:  en la capacidad de ser feliz.  El lugar más seguro para el envío es el puerto, aunque aquel no fue construido para permanecer allí.  Lo difícil es el momento de verlo zarpar.
El regalo de amor más grande que se le puede dar a un hijo es la autonomía.  Muchos padres piensan que ellos serán el puerto estable de sus hijos y suelen olvidar que en cambio deben prepararlos para navegar mar adentro.  Hay que animarlos a encontrar su propio lugar, donde se sientan seguros, con la certeza de que ellos llegarán a ser también un puerto para los nietos.

lunes, 6 de junio de 2011

LA RENOVACIÓN DEL ÁGUILA

El águila es una de las aves de mayor longevidad:  llega a vivir setenta años.  Pero, para alcanzar esa edad, a los cuarenta debe tomar una difícil decisión.  En ese momento sus uñas están apretadas y flexibles, por lo cual no consigue capturar sus presas.  El pico, largo y puntiagudo, se curva, apuntando hacia el pecho.  Las alas están envejecidas y pesadas, y las plumas se han engrosdo.  Volar y alimentarse le resulta entonces muy difícil.
Tiene solamente dos alternativas:  morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que dura ciento cincuenta días.  Este consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga la necesidad de volar pero pueda conseguir alimento de pequeños roedores y largartijas.
En ese lugar, el águila comienza a picotear la pared hasta conseguir arrancarse el pico.  Después deberá esperar el crecimiento de uno nuevo, con el cual desprenderá, una a una, las uñas.  Cuando las nueva uñas nacen, comenzará a desplumarse.  Después de cinco meses, emprendera su vuelo de renovación, y vivirá treinta años más.
A lo largo de la vida, muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación.  Para emprender un vuelo de victoria, debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor.  Solamente libres del peso del pasado podremos avanzar.


Fuente:  Contribución de Marcos Soler