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lunes, 13 de junio de 2011

EL HIJO MÁS AMADO

Cierta vez le preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que más amaba.  Y ella, dejando entrever una sonrisa, respondió:
---Nada es más voluble que el corazón de una madre.  Pero, como madre, le respondo:  el hijo preferido es aquel a quien me dedico en cuerpo y alma...  Es mi hijo enfermo, hasta que sane...  El que partió, hasta que vuelva...  El que está cansado, hasta que descanse...  El que está con hambre, hasta que se alimente...  El que tiene sed, hasta que beba...  El que está estudiando, hasta que aprenda...  El que está desnudo, hasta que se vista...  El que no trabaja, hasta que se emplee...  El que se enamora, hasta que se case...  El que prometió, hasta que cumpla...  El que debe, hasta que pague...  El que llora, hasta que calle -y ya, con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó:
---Y el que ya me dejó...  hasta que vuelva.


Fuente:  A Blanca

sábado, 11 de junio de 2011

MAMÁ-ÁRBOL

Había una vez un árbol... que amaba a un pequeño niño.  Todos los días el niño iba al árbol y comía sus manzanas, con sus hojas se hacía coronas, se mecía en sus ramas, se trepaba por su tronco... y el árbol era feliz.
A medida que el niño crecía, empezó a pensar más en si mismo y a exigir al árbol que le diera de sí para él poder ser feliz y el árbol le daba y le daba y le daba:  no podía darle dinero, pero le daba sus manzanas para que las vendiera y así obtuviera dinero; estaba cansado y le brindaba su sombra y la brisa fresca de sus ramas para que descansara y se resfrescara y el árbol se sentía feliz...
Su niño seguía creciendo y un día le dijo que necesitaba una casa porque quería una esposa y unos niños y el árbol le dio de sus ramas para construirla y el árbol se sintia feliz.
Otro día le dijo que necesitaba un bote, y el árbol le dio su tronco quedándose solo con un tocón y el árbol se sintió feliz, pero no realmente.
Cuando su niño era un anciano y volvió a visitarlo le brindó lo único que le quedaba que era su viejo tocón para que tuviera un lugar tranquilo donde reposar.  Y el árbol fue feliz.

domingo, 5 de junio de 2011

CUANDO DIOS CREÓ A LAS MAMÁS

Cuando el buen Dios estaba creando a las mamás, sexto día de trabajo de sobretiempo, se le apareció un Ángel y le preguntó:  ¿Por qué te has tardado tanto con esta?
Y el Señor contestó:  "¿Has visto la lista de especificaciones que lleva?"  Debe ser:
  • completamente lavable, pero no plástica...
  • debe tener 180 parte movibles, todas recambiables...
  • andar en café negro y sobrados...
  • un beso que cure cualquier cosa desde una pierna rota hasta un desencanto amoroso...
  • y seis pares de manos...
El Ángel movió la cabeza:  "seis pares de manos...  no hay forma"
"No son las manos las que me están dando problemas", dijo el Señor, "son los tres pares de ojos que las mamás tienen que tener":
  • un par de ojos que vean a través de la puerta cerrada cuando ella pregunta:  "Niños, ¿qué están haciendo allá adentro?  Cuando ella ya lo sabe.


  • otro par de ojos en la parte de atrás de su cabeza que ven lo que no saben, pero que tiene que saber.

Y por supuesto, un par de ojos enfrente que pueden ver al niño y con su sola mirada es capaz de decirle:  "Te comprendo y te quiero", sin que haya una sola palabra de por medio.
"Señor", le dijo el Ángel suavemente, "mejor será que te acuestes y ya mañana es otro día..."
Pero Dios le dijo:  "No puedo, ya estoy tan cerca.  Ya tengo una que se puede curar a si misma, puede alimentar a una familia de seis con un kilo de carne molida y puede hacer que un niño de nueve años se bañe en la regadera".
El ángel hizo un círculo alrededor del modelo de mamá y dijo:  "es muy blanda".
"¡Pero fuerte!" dijo Dios emocionado, "no te imaginas lo que esta mamá puede hacer y soportar".
"¿Puede pensar?"
"No sólo puede pensar, sino razonar y comprometerse", dijo el Creador.
Finalmente, el ángel se inclinó y pasó su mano sobre la mejilla:
"hay una gota", dijo.
"No es una gota", dijo Dios, "es una lágrima".
"¿Para qué sirve?"
"Es para la alegría, la tristeza, el disgusto, la soledad, el orgullo y la satisfacción".
"Eres un genio", dijo el Ángel.
El buen Dios puso entonces cara sombría y agregó:
"Sí, pero esa no la puse yo allí".