domingo, 9 de septiembre de 2012

¿ESTÁS PREPARADO PARA TRIUNFAR?

"Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas.  Tras un largo viaje hasta el paraje donde aquel maestro vivía, el hombre, finalmente, pudo dar con él:

'Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado.  Todo me sale mal y no sé que hacer para salir adelante'.  El sabio le contestó:  'Puedo ayudarte con esto.  ¿Sabes remar?'

Un poco confundido, el hombre contestó que sí.  Entonces el maestro le acompañó hasta un lago.  Juntos subieron a un bote y el sabio le dijo al hombre que remase hasta el centro del lago.

'¿Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida?', dijo el hombre, advirtiendo que el anciano gozaba del viaje sin más preocupaciones.  Al llegar al centro exacto del lago, el maestro le dijo:  'Acerca tu cara al agua y dime qué ves'.  El hombre asomó por encima del pequeño bote y, tratando de no perder el equilibrio, acercó su rostro todo lo que pudo.

De repente, el anciano le empujó y cayo al agua.  Al intentar salir, el anciano le sujetó impidiendo que subiera a la superficie.

Desesperado, el joven manoteó, pataleó, gritó inútilmente bajo el agua.  Cuando estaba casi ahogado, el sabio lo soltó y le permitió subir.  Una vez en el bote, entre toses y ahogos, el hombre gritó.

'¿Está usted loco?  ¿No se da cuenta, casi me ahoga?.

Con el rostro tranquilo, el maestro le preguntó:  'Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?'.

'¡Respirar, por supuesto!'.

Bien, pues cuando luches para salir adelante con la misma vehemencia con la que luchabas por respirar, entonces estarás preparado para triunfar".

martes, 14 de febrero de 2012

HAY LUGARES, HAY PERSONA


Hay lugares que, cuando te acercas a ellos,
vas sintiendo cómo te envuelve una brisa;
adviertes el olor de la hierba fresca
y sientes el deseo de llegar allí más deprisa.
Hay lugares que se te quedan dentro
y aunque pasen años y estemos lejos
siempre hay alguien allí que nos está esperando.
Ese es el hogar.

Hay personas que te inundan de paz,
que cuando estás con ella,
sientes en tu alma un remanso de tranquilidad,
sientes que el tiempo corre más deprisa
y a su lado habita la serenidad,
y sólo hay espacio para las sonrisas.
La vida se te hace más bonita,
más serena y más limpia.
Esos son los amigos.

Hay sentimientos que golpean de repente,
no nos dan tiempo a reflexionar;
y cuando se nos nubla el pensamiento
nos preguntamos ¿qué nos pasará?
Y pensamos que el mundo amaneció perfecto,
que al oler una rosa cerramos los ojos
y se inunda el alma de felicidad.
Ese es el amor.

Hay un espacio en el tiempo que es fugaz,
y tiene matices de inmortalidad.
Hay un amigo que está esperando siempre
e infaliblemente a tu lado siempre está.
Hay una luz que nos envuelve el alma
y aunque no la percibamos,
eternamente nos ha de custodiar.
Ese...  ese sólo puede ser DIOS.


Fuente:  Bethzaida Montilla
               Puerto Cabello - Venezuela

jueves, 8 de septiembre de 2011

LO MÍO... ¿ES MÍO?

Un hombre falleció de repente.  Al darse cuenta de que estaba muriendo, vio que Dios se le acercaba portando una maleta y le decía:
---Bien, hijo mío, es hora de irnos.
El hombre, asombrado, le preguntó
---¿Ya...  tan pronto?  Yo tenía muchos planes...
---Lo siento, hijo, pero es el momento de tu partida.
---¿Qué traes en esa maleta?
---Tus pertenencias.
---¿Mis pertenencias?  ¿Mis cosas, mi ropa, mi dinero...?
---Lo siento, hijo, las cosas materiales que tenías nunca te pertenecieron:  eran de la Tierra.
---¿Traes mis recuerdos?
---Lo siento, hijo, tus recuerdos no vienen contigo.  Nunca te pertenecieron:  eran del tiempo.
---¿Traes mis capacidades, mis talentos?
---Lo siento, hijo, pero ellos tampoco te pertenecieron:  eran de las circunstancias.
---¿Traes a mis amigos, a mis familiares?
---Lo siento, hijo, pero ellos nunca fueron tuyos:  eran del camino.
---¿Traes a mi mujer y a mis hijos?
---Lo siento, hijo, ellos nunca te pertenecieron:  eran de tu corazón.
---¿Acaso traes mi cuerpo?
---Lo siento, hijo, ese nunca te perteneció:  era polvo.
---Entonces, ¿traes mi alma?
---Lo siento, hijo, pero ella nunca te perteneció:  era mía.
Lleno de miedo, el hombre le quito a Dios la maleta.  Al abrirla se dio cuenta de que estaba vacía.  Con la desesperanza reflejada en sus ojos, le preguntó a Dios:
---¿Es que nunca tuve nada?
---Sí, hijo mío, cada uno de los momentos que viviste fue tuyo.  Tu vida fue solo un momento, un momento todo tuyo.  Debiste haberlo disfrutado en su totalidad...  Nada de lo que crees que te pertenecía era tuyo:  debiste vivir el ahora y ser felizhttp://www.facebook.com/elartede.seryvivir.feliz