sábado, 11 de junio de 2011

MAMÁ-ÁRBOL

Había una vez un árbol... que amaba a un pequeño niño.  Todos los días el niño iba al árbol y comía sus manzanas, con sus hojas se hacía coronas, se mecía en sus ramas, se trepaba por su tronco... y el árbol era feliz.
A medida que el niño crecía, empezó a pensar más en si mismo y a exigir al árbol que le diera de sí para él poder ser feliz y el árbol le daba y le daba y le daba:  no podía darle dinero, pero le daba sus manzanas para que las vendiera y así obtuviera dinero; estaba cansado y le brindaba su sombra y la brisa fresca de sus ramas para que descansara y se resfrescara y el árbol se sentía feliz...
Su niño seguía creciendo y un día le dijo que necesitaba una casa porque quería una esposa y unos niños y el árbol le dio de sus ramas para construirla y el árbol se sintia feliz.
Otro día le dijo que necesitaba un bote, y el árbol le dio su tronco quedándose solo con un tocón y el árbol se sintió feliz, pero no realmente.
Cuando su niño era un anciano y volvió a visitarlo le brindó lo único que le quedaba que era su viejo tocón para que tuviera un lugar tranquilo donde reposar.  Y el árbol fue feliz.

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