Un prisionero del nazismo, era torturado todos los días. Un día lo cambiaron de celda. En la nueva celda había una claraboya, por la que podía ver un pedazo de azul durante el día, y algunas estrellas por la noche. El hombre quedó extasiado y escribió a los suyos sobre esa gran suerte.
Un prisionero en un campo de concentración soviético, en Siberia, era despertado a las cuatro de la mañana; le daban un pedazo de pan. Él pensó: "Es mejor guardar un poco de este pan, porque puedo necesitarlo por la noche. No puedo dormir de tanta hambre. Si como de noche, tal vez duerma".
Después de trabajar todo el día, se echó en la cama, con el cobertor que apenas lo abrigaba y pensó: "Hoy fue un buen día. Hoy no tuve que trabajar en el viento helado. Y esta noche, si me despierto con hambre, tengo un pedazo de pan, lo como y duermo bien".
Una mujer paralítica, todos preguntaban: "¿Dónde encontraste esa alegría que transparentas todo el tiempo?"
---Dijo la mujer: "tengo lo más encantador de la vida, mis hijos. Puedo hacer lo más lindo de la vida, abrazarlos".
¡En el hospital, paralizada y llena de alegría!
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