Un muchado va al encuentro de un gran mestro sufí. Y le dice al maestro: "Maestro, mi confianza en Dios es tan grande que ni siquiera até mi camello alla afuera. Lo dejé a la providencia de Dios, al cuidado de Él".
Y el maestro sufí dijo: "¡Vuelva y ate su camello al poste, loco! No es necesario molestar a Dios con algo que usted mismo puede hacer".
Un rabino sirvió fielmente a Dios durante toda su vida. Un día, le dijo a Dios: "Señor, he sido un devoto adorador y obediente de la Ley. He sido un buen judío, pero ahora estoy viejo y necesito ayuda: ¡Señor, déjame ganar la lotería para tener una vejez tranquila!" Y rezó, rezó, rezó... Pasó un mes, y dos, cinco, un año entero, tres años se fueron. Un día el hombre, deseperado, dijo: "¡Dios, resuélvete!" Y Dios: "¡Resuélvelo tú! ¿Por qué no compras el billete?"


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