lunes, 5 de septiembre de 2011

LOS DETALLE QUE PROTEGEN...

Para pensar...sobre todo aquellos que
pierden la paciencia muy fácilmente

Después del 11 de septiembre, una empresa que tenía sus oficinas cerca del World Trade Center invitó a ejecutivos y empleados de otras compañías que habían sido afectadas por el ataque a las Torres Gemelas, para compartir su oficina a fin de que pudieran reiniciar temporalmente sus operaciones.
En una reunión de la mañana, el jefe de seguridad contó historias de por qué su gente estaba viva...y todas tenían que ver con pequeños detalles como éstos:
Al director de una compañía se le hizo tarde porque era el primer día de kínder de su hijo.  Una mujer se retrasó porque su despertador no sonó a tiempo.  A uno se le hizo tarde porque se quedó atorado en la carretera en la que había un accidente.
A otro sobreviviente se le fue el autobús; alquien necesitó tiempo para cambiarse porque se tiro comida encima; uno tuvo un problema con su auto que no arrancó; otra regresó a contestar el teléfono; otra ¡tuvo un bebé!, y otro no consiguió un taxi.
Pero la historia que más impresionó fue la de un señor que se puso un par de zapatos nuevos esa mañana, y antes de llegar al trabajo le había salido una ampolla.  Se detuvo en la farmacia por una curita y por eso está vivo hoy.
Ahora, cuando me quedo atorado en el tráfico, cuando pierdo un elevador, cuando regreso a contestar un teléfono, y muchas otras cosas que me desesperan, pienso primero:  "Este es el lugar exacto en el que debes estar en este preciso momento".
La próxima vez que tu mañana parezca enloquecedora, los niños tarden en vestirse, no logres encontrar las llaves del auto, te encuentres todos los semáforos en rojo...no te enojes ni te frustres; recuerda que Alguien está cuidándote.  http://www.facebook.com/elartede.seryvivir.feliz

domingo, 4 de septiembre de 2011

EL PESO DEL RENCOR

El tema del día era el resentimiento, y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico.  Debíamos tomar una papa por cada persona a la que guardáramos resentimiento, escribir su nombre en la papa y guardarla en la bolsa.  Algunas bolsas eran realmente pesadas.  El ejercicio consitía en llevar la bolsa con nosotros durante una semana.  Naturalmente, la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo.
La incomodidad de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y me señaló que mientras ponía mi atención en ella para no ovidarla en ningún lado, desatendía cosas más importantes.  Descubrí que todos tenemos papas pudriéndose en nuestra "mochila" sentimental.
Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento derivado de cosas pasadas, que no pueden cambiarse.  Me di cuenta de que cuando dejaba de lado los temas incompletos o las promesas no cumplidas, me llenaba de resentimiento.  Mi nivel de estrés aumentaba, no dormía bien y mi atención se dispersaba.  Perdonar y "dejar ir" me llenó de paz, alimentando mi espíritu.
La falta de perdón es como un tóxico que tomamos a gotas cada día, hasta que finalmente termina por envenenarnos.  Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro, y no nos damos cuenta de que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.  Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo, por todas las cosas que no fueron de la manera como pensabas.  La declaración de magnanimidad es la clave para liberarte.  ¿Con qué personas estás resentido?  ¿A quiénes no te es posible perdonar?  ¿Eres inflible, y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?  Perdona, y así sera perdonado.  Recuerda que con la vara que mides sera medido.


Aliviar nuestra carga nos da mayor libertad para movernos hacia nuestros objetivos.  http://www.facebook.com/elartede.seryvivir.feliz


viernes, 2 de septiembre de 2011

HISTORIA DE MUEBLES

Un turista norteamericano fue a la ciudad de El Cairo, con el propósito de visitar a un famoso sabio.  El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros.  Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.
---¿Y dónde están sus muebles? -indagó el turista.
El sabio, casi sin inmutarse, rápidamente repuso:
---¿Y dónde están los suyos?
---¿Los míos? -objetó  el turista, sorprendido por la pregunta- ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!
---Yo también... -remató el sabio.


Una vez más, ¿cuánto nos apegamos a las cosas antes que a las personas?
Dónde se encuentra el poder, ¿en las grandes cosas, en los lujos y en los artículos suntuarios?  ¿Adentro o afuera de uno?
¿Nos importa más el tener que el ser?  http://www.facebook.com/elartede.seryvivir.feliz