lunes, 6 de junio de 2011

TORMENTAS

Un campesino le pidió a Dios que le permitiera mandar sobre la naturaleza para que sus cosechas rindieran mejor.  ¡Y Dios le concedió el deseo!
Cuando el campesino quería lluvia ligera, ella caía; cuando pedía sol, este brillaba en todo su esplendor; si necesitaba más agua, llovía con frecuencia, y así con todas sus peticiones.  Al llegar el tiempo de la cosecha, su sorpresa y estupor fueron grandes:  resultó un total fracaso.
Desconcertado y algo molesto, el hombre le preguntó a Dios por qué habían salido mal las cosas.  Y Dios le contestó:
---Tú pediste lo que quisiste, más no lo que de verdad convenía.  Por ejemplo, nunca pediste tormentas, y estas son muy necesarias para limpiar la siembra y ahuyentar las aves, animales y plagas que la amenazan...

Así nos pasa a veces:  queremos que nuestra vida sea sólo amor y dulzura, nada de problemas.  El optimistas no es el que no ve las dificultades sino el que no se asusta ante ellas.
Las dificultades son ventajas, pues nos ayudan a madurar y a crecer...  A menudo hace falta una verdadera tormenta en nuestra vida para hacernos comprender cuánto nos hemos preocupado por tonterías, por chubascos pasajeros.

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