domingo, 5 de junio de 2011

EL PERRITO COJO

El dueño de una tienda estaba poniendo en la puerta un cartel que decía:  "Cachorros en venta".  Como esa clase de anuncios siempre atrae a los niños, de pronto apareció un pequeño y le preguntó:
---¿Cuál es el precio de los perritos?
El dueño contestó:
---Entre treinta y cincuenta dólares.
El niñito se metió la mano al bolsillo y saco unas monedas.
---Sólo tengo $2,37.  ¿Puedo verlos?

El hombre sonrió y silbó.  De la trastienda salió una perra seguida por cinco perritos, uno de los cuales se quedaba atrás.  El niñito inmediatamente señaló al cachorrito rezadago.
---¿Qué le pasa a ese perrito? -preguntó.
El hombre le explicó que el animalito tenía la cadera defectuosa y cojearía por el resto de su vida.  El niño se emocionó mucho y exclamó:
---¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!
Y el hombre replicó:
---No, tú no vas a comprar ese cachorro.  Si realmente lo quieres, yo te lo regalo.
El niñito se disgustó y, mirando al hombre a los ojos, le dijo:
---No, no quiero que usted me lo regale.
Creo que vale tanto como los otros perritos, y le pagaré el precio completo.  De hecho, le voy a dar mis $2,37 ahora y cincuenta centavos cada mes, hasta que lo haya pagado todo.
El hombre contestó:
---Hijo, en verdad no querrás comprar ese perrito.  Nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros.
El niñito se agachó y levantó su pantalón para mostrar su pierna izquierda, retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal.  Miró de nuevo al hombre y le dijo:
---Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda.
El hombre se mordió el labio y, con los ojos llenos de lágrimas, dijo:
---Hijo, espero que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú.
En la vida no importa quiénes somos, sino que alguien nos aprecie por lo que somos, nos acepte y nos ame incondicionalmente.


Fuente:  Contribución de Carlos Vizcaya

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