Hubo un gran maestro zen, llamado Ryokan. Habitaba al pie de una montaña y vivía una vida muy simple. Un día, un ladrón entró en su casa, pero no encontró nada que robar. Mientras el ladrón estaba allí, el maestro volvió y lo descubrió.
Dijo Ryokan: "Usted viajó una gran distancia para venir a asaltarme. No puede irse con las manos vacías". ¡Y le dio todas sus ropas y su manta!
El ladrón, completamente confundido, tomó las ropas y desapareció. Después que él salió, el maestro se sentó a la puerta de su casa, miró el deslumbrante claro de luna y pensó: "¡Qué pena! ¡Hubiese querido poder darle esta luna deslumbrante! http://www.facebook.com/elartede.seryvivir.feliz
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